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Intenso debate sobre la economía compartida en Bruselas asegura que todo está montado para que se lucren los intermediarios La Delegación de Fenebús en Bruselas participó el 16 de febrero en una conferencia-debate organizada por la Escuela de Competencia de Bruselas sobre las plataformas de la economía peer-to-peer y los problemas y retos que plantea que compitan por el mercado y en el mercado con otros modelos de negocios y empresas ahora considerados como tradicionales. El evento se dividió en unas ponencias introductorias de carácter económico y destinadas a explicar el funcionamiento de los modelos y los efectos de este tipo de plataformas así como dos mesas de debate. Las ponencias fueron realizadas por juristas principalmente, algunos investigadores y otros abogados que han representado a empresas de taxis, start-ups o a la misma Uber involucradas en litigios, lo cual añadió gran carga emocional al debate y a las intervenciones. Charles Gheur, Director de la Escuela de Competencia de Bruselas, inauguró la jornada asegurando que se vende que los problemas de competencia entre empresas innovadoras de la economía colaborativa y aquellas basadas en modelos de negocios tradicionales son luchas tipo David VS Goliath pero mucha gente desconoce quién es el verdadero David y quién es realmente Goliath (aludiendo al caso de Uber, donde aseguró que ha pasado de start-up a ser una empresa que puede monopolizar el mercado). En las ponencias introductorias, el Profesor de la Universidad de Louvain-La-Neuve Paul Belleflamme aseguraba que el nombre de economía compartida y el de sus sinónimos no es el más apropiado porque la idea es compartir activos no utilizados pero realmente no se comparte mucho, sino que está todo construido para que intermediarios hagan negocios. Belleflamme prefería el término “mercados peer-to-peer”, al ser un modelo constituido por plataformas digitales que facilitan la interacción entre partes y que se centran en poner en contacto a compradores-vendedores/operadores-usuarios que están dispersos, en ofrecer mecanismos de precios innovadores (que permiten abaratar costes y vender a menor precio) y en generar confianza de forma eficiente. Por su parte Alexis Walckiers, de la autoridad de la competencia de Bélgica, señalaba que las plataformas de internet tienen efectos buenos (se movilizan recursos sin utilizar, aumenta la competencia, se fomenta la innovación, bajan los precios, aumenta la calidad) y malos (se puede facilitar comportamientos ilegales y puede hacer que algunas se vuelvan tan poderosas que constituyan un monopolio) pero instaba a adoptar un enfoque de caso a caso y a repensar el modelo fiscal ya que muchas operan a nivel mundial pagando pocos impuestos en los países donde operan y muchos de los que producen/venden/ofertan en ellas lo hacen en su tiempo libre, sin contrato de trabajo y a veces sin remunerar. La primera mesa de debate abordó la competencia por el mercado, tratando de explicar por qué y cómo se ha restringido el acceso al mismo a estas plataformas a la luz de la normativa de la UE. En ella, Jules Stuyck (abogado y socio del despacho Liedekerke) concluía que existen diferencias en el Derecho aplicable para las operaciones entre empresas y entre empresas y consumidores donde la economía colaborativa no encaja, siendo ésta una economía perturbadora al existir un modelo regulado que debe justificarse a la luz de las normas de competencia y del mercado interior. Explicando que hay plataformas con fines comerciales y otras que no lo tienen, la profesora Sofia Ranchordas (Universidad de Tilburg) aseguró que éstas no necesitan un taladro sino un agujero en la pared para operar pero que falta una definición común para todos los modelos de negocios que abarcan, pidiendo también que se coopere con ellas y no se prohíban. Comprometida con desarrollar una agenda para la economía colaborativa y percibiendo que los Estados miembros reaccionan diferentemente con algunos prohibiendo directamente y otros alcanzando acuerdos para regularizar situaciones en función del sector, la Comisión Europea (representada por Henning Ehrenstein, de la DG de Mercado interior e industria) manifestó ser consciente del potencial de la economía colaborativa pero a la vez señaló que hay trabajo para aclarar el papel de cada actor, los requisitos de licencias y autorizaciones, los derechos, obligaciones y responsabilidad, la fiscalidad, la normativa laboral o cuando una plataforma simplemente intermedia y cuando presta realmente el servicio. Por su parte, Julien Ciarniello, socio del despacho de abogados UGKA (que ha defendido a la plataforma Taxi Verts en sus denuncias contra Uber ante instancias belgas), defendía la prohibición de Uber por parte de tribunales bruselenses alegando que se debe cumplir la normativa y evitar situaciones de competencia desleal o de eludir obligaciones que exigen las reglas en vigor. La segunda mesa de debate abordaba la competencia en el mercado y sus ponentes abogaban claramente por la máxima apertura y liberalización del mercado para permitir que las plataformas operen libremente y sin restricciones. Adina Claici, de la Dirección General de Competencia de la Comisión Europea, reconoció que se necesita una definición de mercado a fin de poder intervenir mediante la política de competencia en el asunto de los taxis y Uber. Puesto que la actual situación del mercado está desequilibrada con exceso de oferta y falta de demanda en ciertos sitios, horas y días, el abogado Damien Geradin (socio del despacho Edge Legal) pedía que haya un libre mercado que haga los ajustes necesarios. Igualmente Geradin descartaba que el debate sea taxis regulados contra taxis sin regular o si deben operar unos u otros, sino que el asunto debe centrarse en crear un marco para que todas las plataformas (no solo Uber) puedan actuar. Benoit Le Bret (socio del despacho Gide, que ha prestado servicios para Uber) insistía en que no existe un marco para competir en igualdad de condiciones en el mercado de los servicios de taxi y de alquiler de vehículo con conductor, pero esto no se debe a que Uber sea un elemento perturbador sino que ya viene dado por prácticas del propio sector (alquiler de licencias) y lo que queda es un campo de batalla que Uber y otras empresas están decididas a explotar para ganar la guerra comercial y también para proteger a los taxistas a los que se les asfixia con el alquiler de licencias. Le Bret defendía que Uber no presta servicios de transporte sino que hace servicios de intermediación (al igual que hacen las webs que permiten reservar billetes de avión, hotel y coche de alquiler) con taxis pero que en el futuro podrá hacerlo de lo que quiera (reparto de comida, vuelos…). El profesor Alexandre De Streel (Universidad de Namur) instaba a abrir los mercados para que las plataformas de este tipo de economía puedan operar y recordaba que las normas de competencia pueden ayudar a mantener abierto el mercado protegiendo la innovación, interviniendo en caso de que una de las plataformas se haga tan grande que constituya un monopolio y controlando las concentraciones de empresas. Por parte de la autoridad de la competencia de Francia, David Viros explicaba que el asunto de la economía colaborativa es tan importante para Francia que su Presidente ha encargado un estudio cuyos resultados piden crear un observatorio y que las plataformas transmitan al fisco francés los ingresos que perciben de sus usuarios, entre otras medidas.
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