Uber, BlaBlaCar y a Air BnB no se reconocen como "economía colaborativa" por su fin comercial

La Delegación de Fenebús en Bruselas participó el 10 de febrero en una conferencia-debate sobre la economía colaborativa, organizada por el think tank Bruegel (uno de los más influyentes en la capital europea) y con la presencia de los más importantes actores: Uber, BlaBlaCar y Air BnB. El debate se centró en explicar los modelos de negocios y permitir que consumidores, sindicatos y Comisión Europea expresasen sus posiciones frente a la economía colaborativa.

Representada por su Directora de políticas públicas Fabienne Weibel, BlaBlaCar se definió como una solución de viaje basada en el poder de la gente, siendo el viaje medio para una distancia de 350 km y 29 años la edad media del usuario (60% hombres - 40% mujeres; 71 % empleados - 21% estudiantes). BlaBlaCar reconoció que solo le interesan los viajes de larga distancia y aseguró que vela porque sus conductores no se lucren con la actividad al recomendar, en sus términos y condiciones, un precio por kilómetro y pasajero (aun siendo posible que el conductor lo suba) y limitar el número de plazas disponibles que se puede ofrecer. También rechazó tener problemas con los seguros y aseguró que cuenta con muy buenas estadísticas de seguridad vial porque sus conductores son conscientes de que están llevando a personas. En cuanto a financiación, BlaBlacar reconoció que empieza gratis cuando entra a un país para luego cobrar en torno a un 12% de lo que se paga al conductor y también admitió recaudar fondos de capital privado (principalmente americano) para expandirse internacionalmente. Por su parte, Air BnB argumentó que el secreto de su éxito se basa en la confianza y en que la plataforma es plenamente segura.

A través de su consejero Mark MacGann, Uber rechazó ser una empresa de la economía colaborativa y alegó que tanto ella como AirBnB y BlaBlaCar tienen fin comercial. Pero sí aseguró ser adalid de la nueva revolución industrial gracias a la tecnología y que coloca al consumidor al frente del poder. Uber afirmó que no compite contra los taxis sino contra las ganas de las personas por comprarse un vehículo privado. Uber admitió cobrar un 20-25% de comisión, justificó sus precios bajos gracias a la eficiencia de gestionar los servicios vía teléfono inteligente y se jactó de crear miles de puestos de trabajo, aunque reconoció que sus conductores son todos autónomos y aseguró que no se le puede culpar por esto ya que la práctica ya existía en Europa y en el sector mucho antes de su entrada en el mercado. En su intervención, Uber manifestó que no quiere que lo regulen ni que le pongan nuevas normas, simplemente quiere que la Comisión Europea intervenga ante prohibiciones para operar en países que vulneran la libre prestación de servicios y la libertad de establecimiento.

Aunque otorga ventajas al consumidor, la asociación europea que representa a los consumidores (conocida por las siglas BEUC y que intervino a través de su jefe de asuntos legales y económicos, Guillermo Beltrà) reconoció que la economía colaborativa debe mejorar en la protección a estos puesto que falta mayor seguridad jurídica (¿qué legislación se aplica? ¿estas plataformas son negocios o no? Si no lo son, ¿se les aplica la normativa sobre consumidores? ¿Qué nivel de responsabilidad tienen ya que eso varía si solo dan información o si intermedian?) y debe haber mayor transparencia en los mecanismos que utilizan para generar confianza al usuario.

Desde la Dirección General de Competencia de la Comisión Europea, Adina Claici aseguraba que la Comisión Europea solo tiene poderes para actuar en materia de competencia entre operadores tradicionales y economía colaborativa si hay ayudas de Estado, acuerdos ilegales o abuso de posición de dominio. Para la Comisión, la economía colaborativa tiene efectos positivos para los consumidores pero no deben olvidarse las reticencias de los operadores tradicionales que han incurrido en grandes costes e inversiones a largo plazo y ahora de repente se les quiere cambiar el panorama.

Representados por Thiébaut Weber del sindicato europeo de trabajadores, los sindicatos decían que la economía colaborativa esconde negocios y es una forma que tienen las empresas de eludir responsabilidades y trasladarle el riesgo en sus operaciones al trabajador. Para Weber, los consumidores tienen derecho a exigir mejores servicios pero no pueden dictar las normas. De igual modo, Weber insistía en que la economía colaborativa también se tiene que adaptar el entorno existente.