El sector atraviesa una de las crisis más profundas de su historia

No sabemos si con anterioridad a las tres últimas décadas, el sector del transporte de viajeros por carretera ha sufrido alguna crisis del nivel o importancia de la actual, pero en este tiempo damos fe de que no ha habido ninguna como la que vivimos en estos momentos. Tal vez radique aquí el motivo por el que muchos empresarios han sucumbido a la tentación de vender su compañía al mejor postor y abandonar el sector. Aunque a la hora de enumerar los problemas con que se enfrenta éste nos perderíamos, sobre todo si tenemos en cuenta aquello que cada uno tiene los suyos y que la lista es interminable, sí nos atrevemos a señalar aquí solamente media docena, los más importantes en nuestra opinión y cuyo recordatorio les puede venir bien a los responsables del Ministerio de Fomento.

Descapitalización de las empresas. Una situación que se ha producido como consecuencia de la crisis derivada del fuerte incremento de costes en los últimos años y que no ha tenido la correspondiente repercusión en tarifas o que no contó con las oportunas medidas compensatorias por parte del Ministerio de Fomento; situación que se agrava por el hecho, según manifiestan las propias empresas afectadas, de la tendencia a la baja que se viene registrando en el número de viajeros transportados.

Precio del gasóleo. No es la primera vez que insistimos que el precio del gasóleo tiene que tener una clara diferencia entre el destinado al consumo por vehículos de servicio público, coloquialmente denominado "gasóleo profesional" del privado. La actual fórmula de descuento en fiscalidad es demasiado complicada y por tanto resulta ineficaz para muchas pequeñas empresas, que por no llegar a entenderla ni siquiera la aplican y por tanto no se pueden beneficiar de la medida, que además resulta insuficiente.

Competencia del ferrocarril. Uno de los problemas mas antiguos del sector del transporte por carretera es la competencia del ferrocarril por su carácter de empresa pública y porque sus déficit de explotación tradicionalmente los ha cubierto el Estado. En estos momentos y de acuerdo con la actual normativa europea, las subvenciones por obligaciones de servicio público sólo pueden beneficiar a los trenes de cercanías y regionales, a pesar de que el contrato-programa de Renfe-Estado 2006-2010 prevé un resultado negativo en los cuatro primeros ejercicios de alrededor de 400 millones de euros que saldrán de las arcas del Estado. Sin embargo, las empresas de transporte por carretera con líneas coincidentes con las nuevas del AVE ven como sus viajeros y por tanto su recaudación sufre reducciones superiores al 25 %.

Ruptura de la unidad de mercado. No es un problema nuevo, sino que nace con el nuevo Estado de las Autonomías avalado por la Constitución de 1978, y con las transferencias de competencias a las comunidades autónomas a través de los correspondientes Estatutos de Autonomía. Esto ha propiciado que en estos momentos exista una importante diversidad legislativa que nos obligará muy pronto a adaptarnos a 17 leyes de transporte (una por cada autonomía) con sus correspondientes políticas de transporte. Esto resulta un auténtico problema para aquellas empresas cuyos servicios o actividad discurre o se desarrolla en más de una comunidad autónoma.

Necesidad de una política de coordinación entre Administraciones. Precisamente como consecuencia de la ruptura de unidad de mercado, anteriormente mencionada, cada día es más necesaria una política de coordinación entre todas las administraciones implicadas en el transporte, sobre todo la Central y las Autonómicas, aunque tampoco se pueden descartar las locales por el protagonismo que están adquiriendo a través de los consorcios de transportes, cualquiera que sea su denominación, para la explotación de los servicios en las áreas metropolitanas En nuestro digital anterior, sobre un asunto de tanta importancia como es el tema de tarifas, hemos podido comprobar en el cuadro resumen que recogíamos, que cada Administración autorizó el incremento que le pareció o el que consideró más justo. Un concepto que ya empieza a ser también opinable.

Falta de una política de apoyo al transporte en autobús. Algo que ya comentábamos en estas mismas páginas cuando analizábamos el programa electoral de los dos principales partidos, con motivo de las pasadas elecciones del 9 de marzo, en los que echamos en falta mayor apoyo al transporte público en autobús, tanto desde el punto de vista de su imagen institucional, como cuentan otros modos de transporte, como desde el punto de vista de la inversión destinada a infraestructuras de transporte por carretera, como carriles bus, plataformas reservadas, aparcamientos disuasorios para vehículos privados en las cabeceras de líneas, estaciones de autobuses, intercambiadores de transporte, etc.,etc. que colaboren a conseguir una nueva cultura del uso del transporte público como ya tienen numerosos países del norte y centro de Europa, y que cada día es mas necesaria, desde el punto de vista medioambiental y de calidad de vida.